¡Viva el amor “manque” pierda!

«¡Viva el amor manque pierda!».
Gritaba el poeta desde su tumba,
yo le miré y esbocé una sonrisa,
seguí caminando
y me dirigí al primer bar que me ofreciera una barra donde oxidar mis recuerdos,
sí, había perdido
y quería celebrar mi derrota
quería gritar que era un perdedor
pero una chica se acercó y me sonrió:
«Tú eres Pablo Rompe, ¿no?».
La miré y le dije que sí levantando las cejas,
halagó con vehemencia mis palabras,
sabía que eso me arrastraría a sus labios,
que me restregaría con su pierna como un perrito que está herido y
necesita cariño,
enjuagaba mi boca con cerveza
y masturbaba mi ego
pero yo había perdido, y no merecía que la victoria rozara mi boca,
me fui y no miré atrás,
me acordé de las palabras de aquel poeta,
me senté con él
y esculpí palabras sobre la tumba que tenía mi nombre,
el poeta leyó lo que escribí y comenzó a susurrar:
«¿No los oyes? ¿No los oyes?»
Le miré extrañado, me miró a los ojos y exclamó:
«Son todos los poemas que le escribes a ella gritando: “¡Viva la musa que nos parió!”».
Y de nuestras gargantas salió esta canción:
«¡Viva el amor manque pierda!
¡Viva el amor manque desgarre!
¡Viva el amor manque mate!
Porque de este amor suicida
nacen las letras para que otro amor viva
y por mucho que pierda
siempre seguiré luchando por la musa que parió mis poemas.
¿No los oyes? Son todos los poemas que te escribí gritando:
“¡Viva la musa que nos parió!”».

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